martes, 20 de marzo de 2007

Cuarenta y diez

Hoy, despues de una borrachera el sabado, un alcohol el lunes me puse a pensar en que he fayado, pense en el dia en que naci de mi madre, por dios, le ha deber dolido tanto, ya que es de confesar que tengo unas orejas enormes, pense el dia en que vi un creo acompañado de sal y mercurio y un testamento, recuerdo el dia en que vi la luz, recuerdo el dia que me paso una puta llanta de camioneta por la columna vertebral, recuerdo el dia que trague chalupas hats moriri y llegue a pensar que saldria de mi hasta el intestino, recuerdo el dia que amaneci con una resaca y al vomitar me dolio mi pecho, recuerdo el dia en que deje escapar los pajaritos de mi Ma' Gloria cuando era pequeño, recuerdo el dia en que por primera vez me meti con una mujer, recuerdo ver llover en una mañana y sentirme feliz por ello, s veces recuerdo mis sueños, a veces recuerdo mis anhelos, a veces sueño con una Lincoln Navigator blanca para mi, y un Altima de lujo para mi mama, a veces sueño que muero, y esto, esto si es verdad.


Los dejo con una supercancion del maestro Sabina.


Les dejo la letra


A mis cuarenta y diez,
cuarenta y nueve dicen que aparento,
más antes que después,
he de enfrentarme al delicado momento
de empezar a pensar
en recogerme, de sentar la cabeza,
de resignarme a dictar testamento
(perdón por la tristeza).

Para que mis allegados, condenados
a un ingrato futuro,
no sufran lo que he sufrido, he decidido
no dejarles ni un duro,
sólo derechos de amor,
un siete en el corazón y un mar de dudas,
a condición de que no
los malvendan, en el rastro, mis viudas.

Y, cuando, a mi Rocío,
le escueza el alma y pase la varicela,
y, un rojo escalofrío,
marque la edad del pavo de mi Carmela,
tendrán un mal ejemplo, un hulla-hop
y un D´Artacán que les ladre,
por cada beso que les regateó
el fanfarrón de su padre.

Pero sin prisas, que, a las misas
de réquiem, nunca fui aficionado,
que, el traje de madera, que estrenaré,
no está siquiera plantado,
que, el cura, que ha de darme la extremaunción,
no es todavía monaguillo,
que, para ser comercial, a esta canción
le falta un buen estribillo.

Desde que salgo con la pálida dama
ando más muerto que vivo,
pero dormir el sueño eterno en su cama
me parece excesivo,
y, eso que nunca he renunciado a buscar,
en unos labios abiertos,
dicen que hay besos de esos que, te los dan,
y resucitan a un muerto.

Y, si a mi tumba, os acercáis de visita,
el día de mi cumpleaños,
y no os atiendo, esperádme, en la salita,
hasta que vuelva del baño.
¿A quién le puede importar,
después de muerto, que uno tenga sus vicios...?
el día del juicio final
puede que Dios sea mi abogado de oficio.