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Es verdad es usted un ángel y yo un putañero, las calles oscuras me hablan de tu, nunca de ti, por que seguramente desconocen su mundo, como usted desconoce la miseria de mis calles, por que usted señorita desconoce el mundo de los míos, de la injusticia de los valles y los libros, desconoce la vida misma, misma que la desconoce por no ser usted parte de sus anchas avenidas, por que su gente y mi gente no comparten mas que odio y lastima, digo la verdad, por que mi verdad es evidente, como evidente es su verdad ante los míos.
Categóricamente no somos iguales, usted no conoce los sueños imposibles, se refiere a mí pobreza tal como yo me refiero a su belleza, ante sus ojos cubiertos de esplendor no transitan mis tristezas, mis razones exclusivas, ante sus ojos se deja ver un mundo resuelto donde no caben dudas ni temores con tan solo oír su nombre usted me ha humillado y usted, usted siempre gana, mis palabras ni mi escritos le sirven, por que usted y esa maldita costumbre de olvidar lo que otros somos, lo que otros hacemos no la deja mirar al otro polo, donde un pedazo de pan vale mas que su sonrisa, ¿pero para que hablar de los míos? si los suyos son mas exquisitos tienen al fuego al alcance de sus manos, supongo que la fiebre del oro deja mas que el calor y la unión de mi gente, pero yo le escribo para hablar de usted, de lo hermoso y brilloso que es su cabello negro, de la implacable figura de su torso que se revuelca cada noche entre mis sabanas sudadas y en mi alfombra roja, le escribo a usted a su encantadora forma de comprar el mundo con una sonrisa a usted y lo insoportable y vil que soy sin usted y aun sabiendo que es mi única puerta entre dos mundos, tarde, mucho mas tarde que temprano me daré cuenta de que ya no la amo y entonces papel pautado, lápiz en mano para no escribirle nunca mas.
UVII.