sábado, 5 de mayo de 2007

Para Barbara. por ser como es de ..... (segunda parte de mi librito)

Voy a continuar con mi historia; Eran dos hermanos, uno se llamaba melón y otro melames, pero entre los dos mataron a un pajarito, melón se comió las plumm.. ups creo que me equivoque de historia, ahora si ahí va... este era un perro que se llamaba pegamento, jajaja no esa no, mejor sigo con el segundo capitulo de mi psudo-libro, este capitulo es para Bárbara por ser tan.... bueno ya saben como es esa mujer, es importante mencionar que todo el "dizque-libro" fue hecho para la autora de mis días, para la gallina que cuida a sus pollos bajo su plumaje, para la osa polar que les enseña a sus oseznos a pescar bajo el gélido hielo de la antártica, para la que alguna vez fue mama cuervo, para la que me jalo las orejas y me las dejo mas grandes, para la mujer mas fuerte del mundo que aguanta los corajes de sus hijos por las mañanas, para mi mama.

Bárbara es una chica muy especial que.. bueno algún día les contare la historia, esa mujer es un amor, con cualidades y defectos, mas cualidades que defectos, todos se los pasaría pero hay uno que no, un pequeño defectito, y por favor no traten de adivinar cual es, algún día escribiré para explicar que pasa con esa enigmática mujer de sonrisa encantadora y ya.... por favor no comenten nada de este párrafo, esto es algo extra de lo que no quiero hablar mas, por que algún día.... algún día lo haré.




SEGUNDA PARTE DE MI LIBRITO


Por fin llego a San Fernando, camino por las calles sucias y encharcadas del lugar que lo vio crecer, llorar, sufrir por amores perdidos, y en muchas ocasiones fue testigo mudo de sus noches en las cuales vagaba dando tumbos de borracho con un cigarrillo en los labios secos de tanto alcohol.

A lo lejos, unos niños jugaban con una pelota hecha de trapo y como si fuera una película de los años 20 aquellas imágenes le recordaron su infancia en la cual jugaba con su hermano, primos, y vecinos en los árboles, jugaban a los soldaditos, y en mas de una ocasión colocaron cohetes dentro de heces fecales y corrían tratando de cubrirse con algún plástico o cartón de la lluvia de deyección, en verdad es repugnante el solo imaginarse ese tipo de juegos. De igual forma recordó alguna ocasión en que la reina maga había visitado su hogar llevándole a el y a su hermano unos uniformes de soldado, aquellos recuerdos hicieron brotar de sus ojos color café claro un par de lagrimas que de inmediato eran secadas por la manga de su suéter.

Atravesó el jardín principal del pueblo mirando hacia todos lados, sentía como si se encontrase en un lugar completamente desconocido para él, con su maleta llena de ropa sucia, recuerdos, penas y amarguras daba la impresión de pertenecer a otra región del país, un niño que jugaba con un trompo a unos cuantos metros de la fuente de los Hermanos Mendoza se le acerco pidiéndole una ayuda para comprar un pan, recordó que pese a haber tenido una infancia dura, jamás padeció de hambre.
Vio a una madre que sentada en el suelo amamantaba a su bebe y con una bandeja color verde en la mano diestra solicitaba una ayuda económica, busco en su bolsillo alguna moneda que obsequiar pero se encontró solo con un agujero, sintió un hueco en el estomago, todo a su paso era tristeza parecía como si una comitiva se hubiese puesto de acuerdo para darle un recibimiento especial para recordarle que el pertenecía a ese lugar, que esa era la gente a quien pertenecía, que no debía olvidar las raíces de su pueblo, por que cuando alguna persona olvida su pasado se encontraba perdido en el limbo; calles más adelante vislumbro el árbol donde muchas veces de niño se escondía de su madre que llegaría como todos los días con un cansancio en los pies tan insoportable que no le permitía batallar con las quejas que la abuela daría acerca del comportamiento de su hijo, a cada paso que daba, le latía más rápido el corazón; Un alivio le vino al pecho por que se encontraba a escasos 2 metros de la entrada a su casa, a casa donde sabía que mama lo estaría esperando con los brazos abiertos.

-¿Quien vive? -Grito desde la entrada-

Doña Fabiola, madre de Mauricio que se encontraba lavando la ropa del resto de sus hijos sonrió al escuchar la voz de su hijo predilecto, (Doña Fabiola era una mujer guapa e inteligente, que a cada uno de sus hijos les decía que eran los consentidos, esto se los decía en secreto y cada uno de ellos creció con la dura idea de que era el mejor y es por eso, que cada uno de ellos todo los días se esforzaba por ser mejor cada día)

-Mi amor !!! ¿ Como estas? Pensé que vendrías hasta el próximo fin de semana, ¿viene Valentina contigo? ¡Valentina!!! Pasa hija, pasa, pasa – grito doña Fabiola-
-Mama, Valentina no vino, creo que ya no estará conmigo – menciono Mauricio muy tristemente, con la mirada al suelo-.
-Pero, ¿por que, que pasó?
-Nada, no ha pasado nada, es solo que volvimos a discutir y he tratado de localizarla pero ha evitado contestarme el teléfono; pero no te preocupes, yo creo que es solo un berrinche pasajero – fingió restarle importancia a lo sucedido-.

Doña Fabiola, que conocía muy bien a cada uno de sus cuatro hijos y en especial a Mauricio, se dio cuenta que esté en verdad estaba preocupado solo que trataba de no preocupar a su madre.
-¿ Quieres que te sirva de comer hijo? – pregunto doña Fabiola-
-Si, gracias tengo un hambre que soy capaz de comerme hasta un par de tus bisteces de hígado como los que nos obligabas a comer a mis hermanos y a mi; En lo que preparas de comer voy a saludar a los viejos.

Los viejos era el abuelo y la abuela de Mauricio; Don Ambrosio, un viejo retirado de las batallas de la vida se encontraba dormitando mientras escuchaba su tradicional juego de béisbol sabatino y sostenía en la mano izquierda un vaso con resquicios de cerveza pacifico y con la derecha un filtro de cigarro apagado, doña Agapita que como todos los días por causa de una casualidad ancestral, a las cinco de la tarde trataba de ensartar el hilo dentro de la aguja lanera, que había sido su fiel compañera desde que cosió los pantalones del abuelo el día en que estos quedaron atrapados en el alambre de la cerca que dividía el patio de doña Lupe de la cantina de un señor llamado Mario Villeda en la que todas las tardes el abuelo iniciaba su partida de baraja con don Braulio, primo hermano de Doña Agapita.

-Papá, ya vine, -

Saludo a su Padre, mientras le tocaba el hombro derecho con la punta de los dedos índice y medio; y le daba un beso en la frente en señal de respeto; Desde que el padre Mauricio había desaparecido ( para fortuna de todos los integrantes de la familia) el único padre para Mauricio siempre fue Don Ambrosio.
Sobresaltado por haberse despertado de un sueño tan hermoso (Estaba soñando con la batalla que libró con el cuerpo de Doña Agapita cuando concibió a su ultimo hijo: el tío: Ángel) Don Ambrosio soltó el vaso de plástico de la mano y respondió:

-¿Qué? ¿Qué? – al ver a su hijo, comprendió que le acababan de saludar- ha si, si mi’ jo esta bien, ¿ Cómo te ha ido?

Doña Agapita que se asombro al oír la voz de su nieto, dejo de tratar de ensartar el hilo en su vieja aguja oxidada por el paso de los años, el asombro se debía a que quince días antes Mauricio había llegado a casa y el acostumbraba a llegar cada dos meses debido a que estudiaba filosofía y letras en la cuidad de México y las ocasiones que llegaba de sorpresa era por que lo acompañaba Valentina, la dulce anciana sonrió dejando entrever su dentadura postiza.

-¿Y ahora tu, que te corrieron de tu casa o que te paso?
-Lo que sucede es que hace quince días olvide el libro de “El Coronel no tiene Quien le Escriba” y estamos analizando en mensaje psicológico-social que contiene en sus párrafos, y he venido por él.
-Tu y tus libros, ya te dije que no leas tanto o te vas a volver loco como el conocido abogado del pueblo- le dijo la abuela-
-Vieja, ya esta loco- le aclaro Don Ambrosio.

Al oír las palabras del abuelo, Mauricio solo se limito a voltear a ver al abuelo y guiñarle el ojo, después dijo al oído de la abuela.

-Hazle caso, ya estoy tocadito.

Después de comer las clásicas chuletas ahumadas. Mauricio se recostó sobre la cama que regularmente pertenecía a su hermano menor y con un cigarro en la mano derecha, los brazos de Morfeo fueron haciéndolo su presa.