I
Para mi Madre que ha vivido
junto a mi este destierro.
Corría el mes de Febrero, era una tarde fría en la Cuidad de México, con el atardecer las luces de los edificios se iban encendiendo una a una a lo lejos estas se advertían apenas tintinear, como cuando se observan los rescoldos de fuego en una hoja de papel recién quemada, vendedores ambulantes ofrecían rosas, tarjetas alusivas al día de San Valentín, osos de peluche, chocolates en forma de corazón; Niños con la carita pintada de payasos, tragafuegos desnutridos que con ayuda del thiner y el cemento intentan apaciguar el hambre y la tristeza que los acongoja y tiene en vilo, un lugar del centro donde se confunden las prostitutas con las trabajadoras sociales que salen en busca niños de la calle a quien ayudar al enviarlos a una de las llamadas granjas de rehabilitación, el centro de la gran cuidad, lugar donde se encuentra a la decencia caminando unida de la mano con la perversión; la opulencia convive con la extrema pobreza, las camionetas de extremo lujo a su paso hacen acrecentar la miseria de quien busca una moneda regalada para poder así comprar las medicinas que tanto necesita el asmático de su hijo menor, mismo que padece de una infección en los ojos pues viven en una zona donde las transnacionales del norte de la cuidad van a tirar sus desechos tóxicos, el centro del país lugar donde las grandes edificaciones se observan como monstruos de la globalización y la modernidad a lado de las casas viejas con olor a humedad, justo en una de estas ultimas, en una de las clásicas de por la zona mas humilde del centro histórico Mauricio se encontraba parado delante del ventanal de su habitación mirando hacia el cielo, fumando un cigarrillo cohíba para saciar su ansiedad y así evitar morderse los labios y soltar las segundas lagrimas de su vida por una mujer, por aquella cuerda tan gruesa y firme que creyó haber tejido y sin embargo se encontraba pendiendo de un hilo, sabia que todos los castillos de cartas caen tarde o temprano y al suyo le había llegado la hora desde el momento en que vio como se cerraba la puerta de su habitación, y tras ella se iba el amor de su vida, intento correr con todas sus fuerzas hacia las escaleras, salir y alcanzar a la que no volvería; ya era demasiado tarde, por que cuando su pie izquierdo giro para dar el primer paso hacia las escaleras escucho como azotaba la puerta principal de su casa y en tan solo unos segundos mas alcanzo a ver como aquel vehículo elegante color blanco se alejaba a toda velocidad de aquella calle tan ancha y angosta a la vez que solo existía lugar para un automóvil, ese automóvil.
Se recostó en la cama, cerro los ojos y trato de calmarse mientras seguía fumando con la música de Chelo y Violín como fondo, cayo una lagrima, pero su espíritu de machista arcaico evito la caída de la segunda, pensó que aquello solo era una discusión mas, lo que desconocía era que Valentina había tomado una decisión, tal vez la más importante de su vida para sus 26 años; transcurrieron dos horas y su celular no sonó – no tardara en llamar por teléfono o al menos mandar un mensaje para disculparse por su insolencia- pensó, llegó la media noche y nada, fue entonces cuando ya se preocupo y fue el quien dio el primer paso, marco por teléfono a Valentina pero este se encontraba fuera de servicio o había sido apagado.

II
Al día siguiente el reloj marcaba las 10: 30 a.m. cuando Mauricio llamo a la casa de la que había culminado con una pagina más en su vida.
-Hola, muy buenos días disculpe se encontrara Valentina en casa? – pregunto con voz firme.
-No Mauricio, salió desde muy temprano y la verdad desconozco a donde iría- contesto la madre de Valentina- ¿ puedo hablar contigo un minuto por favor?.
-Claro, ¿de que se trata?- contesto Mauricio, aun que el muy bien sabia cual era el tema que doña Valeria , la madre de Valentina quería hablar.
-Disculpa que lo haga, pero se trata de mi niña, se que no debo de entrometerme en los problemas de ustedes, pero he notado que Valentina y tu han discutido mucho de algunos meses para acá. ya hable con ella y solo me ha dicho que ya ha tomado una decisión. Llora todas las noches y eso me tiene muy preocupada.
-Lo entiendo, es verdad que hemos discutido mucho en los últimos meses pero ya los vamos a solucionar, no se preocupe.
-Confío en que así sea. ¿ quieres dejarle algún recado?
-No. Muchas gracias, me comunicare más tarde, adiós y muchas gracias.
-Adiós hijo.
Mauricio pensó que solo se trataba de una pelea más de las tantas que sostenían, pero estaba equivocado por que ella simplemente: ya no volvería.
Sin embargo los días transcurrieron y no había comunicación alguna entre Mauricio y Valentina. Por cada día que transcurría, se dio cuenta que la mayoría de culpabilidad en las discusiones pertenecía a el.
Llegó el día sábado, días en que acostumbraban a caminar por el parque, visitar algún pueblito colonial, comer fuera de la ciudad, ver juntos una película, comer palomitas, tomar vino tinto en los labios del otro y entregarse con amor y pasión a los juegos carnales del amor y del deseo, Mauricio pensó que con una llamada pidiendo una disculpa las cosas se arreglarían pero una y otra vez llamo al teléfono celular de Valentina, pero todo esfuerzo que hacia era en vano por que ella, simplemente ya había tomado una decisión.
Al no obtener respuesta alguna de Valentina, opto por ir a visitar a la autora de sus días, durante el trayecto al pueblo donde radicaba su madre, trato de recordar con toda preescisión y detalle la última vez que se entrego completamente a una mujer, trató de encontrar rastro alguno de todas la chicas con que había entablado alguna amistad o por lo menos había sostenido un encuentro casual o tal vez causal y no encontró mas que unos cuantos rastrojos de seudo amores de bar o discoteca.