sábado, 10 de febrero de 2007

Los cuentos que yo cuento.

hoy recibi la visita en mi blog de mi ma' linda, al leer al acecho de los recuerdo me la hizo de cuento, por que dice que la persona que los lea opensara que es verdad, pero mama, no me regañes, es parte de los escrito, TE AGRADESCO TODO LO QUE NOS HAZ DADO A MI Y A MIS HERMANOS, SOLO QUIERO QUE SEPAS QUE TE AMO Y ERES LA PÈRSONA MAS IMPORTANTE EN MI VIDA.

Los cuentos que yo cuento, son solo fantasia que me taladran la cabeza, son un producato de mi psique y mi alter ego.
Si alguien ha leido al Ignacio Manuel Altamirano sabe que me refiero, la mayoria de sus escritos y libros (Dentro de los que destacan Clemencia, Cuentos de Invierno,El Zarco, Navidad en las Montañas) sabra que son cuasi autobiografias mezcladas con fantasia, algunos hechos jamas sucediron, algunos otros los traigo a flor de piel

2 p.m.

Mauricio caminaba apresurado por las angostas calles del Centro Historico de la Ciudad de Mexico; despues de caminar por mas de tres horas en busca de un empleo decente sus zapatos se encontraban completamente empapados, era uno de esos dias de julio donde la canicula del medio dia anuncia la caida de una tormenta acompañada por truenos.

Meses antes habia decidido cambiar de aires y ganarse la vida de manera mas honrada, habia estudiado hasta sexto semestre de la Licenciatura en contabilidad y tenia el sueño dorado de ser contratado en el departamento de contabilidad de un Wall Mart o de jodido en Sanborn's.
Con diez pesos en el bolsillo derecho del pantalon, una caja de cerillos talisman en las manos y un cigarro arrugado a traveso la plaza de la Constitucion, los gotones de agua y granizo le caian en la cabeza y los hombros, el sentir la espalda mojada le recordaba la misera posicion economica en la que se encontraba, trato de encender su cigarrillo pero una y otra vez el cerillo era apagado a causa de los gotones de lluvia que caian, al tratar de encender nuevamente su cigarro hizo un alto total, coloco su portafolio en el empapado adoquin, levanto la solapa izquierda de su saco y debajo de este encendio su cigarrillo, una succionada, dos succionadas, tres succionadas y no exhalaba la bocanada de humo; En un charco vislumbro su silueta, sintio unas ganas de llorar mordisqueo sus nudillos y la frustracion de no poder volver a llevar una vida en orden le hizo soltar lagrimas de rabia, sigo su camino, tal vez lo unico que le quedaba por hacer ese dia era entrar a alguna estacion del metropolitano, abordar algun vagon y dirigirse hacia la universidad autonoma, o tal vez tomar la direccion de cuatro caminos y bajar en colegio militar y buscar un par de razos con que¡ien romperse la madre y tener la seguridad de que lo dejaran invalido o en coma. CONTINUARA.